Los discursos de la presidente Cristina Fernández de Kirchner, de los días 19 y 20 de junio, han alcanzado su más alto nivel de virulencia y agresividad, ingredientes sumamente peligrosos cuando los ejercita la persona que tiene la más alta responsabilidad de un país. Los argentinos ya no se asombran cuando ven por televisión la figura desencajada de la primera mandataria, especialmente cuando aborda temas en los que ha sufrido una contundente derrota.
Además, la señora CFK se ha apropiado de las fechas patrias: el 25 de mayo ahora es la fecha del kirchnerismo y el 20 de junio, acaba de ser apropiada por su sector político en Rosario. Se viene el 9 de julio: ¿será la fecha de la nueva independencia y refundación kirchnerista de la República Argentina? Cualquier cosa es posible para este gobierno, menos la disfrazada "democratización" del Consejo de la Magistratura, que le abortó la Corte Suprema de Justicia.
Pero además de apropiarse de las fechas patrias, también les cuelga la etiqueta del kirchnerismo a cualquier prócer, de acuerdo a cómo ella los presenta en sus discursos. Su permanente actitud de deformar la realidad se acrecienta día a día: ahora también deforma el pasado, es decir, la historia. Seguramente, aparecerán nuevos libros de historia argentina, con la versión diferente que presenta este gobierno. En los establecimientos educacionales, los docentes tendrán que enseñar ahora la nueva historia argentina...
Las expresiones peyorativas de sus discursos, alejan cada vez más a la señora de ser algún día una estadista. "Hay que encontrar algún gil que sea presidente", manifestó en Rosario. Pero lo que llama la atención son sus reiteradas referencias a "¿creen que soy una estúpida?". Normalmente, las personas que efectúan continuas menciones a presuntos defectos personales, es porque realmente son conscientes de que los tienen...
La señora CFK sabe utilizar muy hábilmente los juegos de palabras, con los cuales apunta a confundir a la opinión pública. Es decir, a una parte de la opinión pública, puntualmente a aquella que poco y nada se entera de lo que políticamente sucede en el país... "La historia hay que contarla completa para entenderla", afirma sin ponerse colorada la presidente de la Nación. Y ella es la primera que cuenta parte de la historia. Concretamente, cuenta la parte de la historia que le conviene...
En su propósito de confundir a la opinión pública, lanzó la expresión de que "no sea cosa que venga una cautelar y nos impida votar legisladores y presidentes". Su agresión contra la Corte Suprema de Justicia no tiene límites. Y, justamente, no tener límites es una de las características de su gobierno.
El propósito de estas expresiones, no es otro que fomentar un clima popular de bronca contra los miembros del más alto tribunal del país. Ya el primer síntoma se advirtió en el juez de la Corte Juan Carlos Maqueda, que fue amenazado por un presunto miembro de La Cámpora. Y los conceptos presidenciales alientan a los fanáticos de ese grupo a iniciar acciones personales contra los magistrados con los que está enojada la presidente.
Y en sus alocuciones, la señora CFK nunca deja de lado la imprescindible cuota de victimización. Buscando la enfervorización de sus aplaudidores, dijo que "me la van a querer hacer más difícil", con lo cual logra ruidosos y prolongados aplausos y busca provocar reacciones en sus fieles seguidores.
Por último, lo más llamativo es que después de aparecer enojada y desencajada, al límite de la furia, concluye su discurso e inmediatamente se pone a bailar con un grupo musical... Extraña personalidad la de la figura política que tiene la responsabilidad de conducir un país.
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