Cristina Fernández se atrevió a decir algo sobre la muerte de Alberto Nisman, muchas horas después de conocido el hecho, pero solo a través de las redes sociales. Siendo este lamentable suceso un episodio de alta repercusión en la República Argentina, se hubiera justificado que Ella utilizara la cadena nacional, como la ha usado varias veces para cuestiones de insignificante trascendencia. Pero optó por descolgarse con una ridícula carta, donde en su mayor parte se dedica a referenciar episodios de su vida, de dudosa veracidad. Es decir, volvió a instalarse como víctima de todo lo que sucede en el país.
Pero antes hablaron sus diputados. Primero lo hizo Julián Dominguez, preguntándose una y otra vez por qué el fiscal retornó de sus vacaciones anticipadamente para presentar la denuncia contra la presidente de la Nación, el canciller y otros adláteres. Dio la sensación de que éste era el tema principal, no la muerte de Nisman. Lo repitió varias veces. Terminó su alocución y desapareció del Congreso. ¿Se habrá dado cuenta que del ridículo no se vuelve?
Todo el mundo sabe hoy por qué el fiscal retornó antes de su período de descanso: porque la Procuradora ultrakirchnerista Gils Carbó ya tenía todo preparado para desplazarlo de su función, al mejor estilo de lo hecho con Campagnoli.
Además, hizo uso de la palabra Juliana Di Tulio, extremadamente nerviosa, haciendo hincapié, también, en el regreso anticipado del fiscal e insistiendo en que en torno de su muerte hay muchos interrogantes. Pero lo más contradictorio de la Di Tulio fue que, dirigiéndose a la justicia, exigió rapidez en la investigación, "porque queremos saber la verdad". Y en esta frase, repetida varias veces, ponía especial énfasis.
Lo suyo parecía una cruzada en favor de la verdad. Y llama la atención que la Di Tulio exija rapidez a la justicia, cuando su gobierno es el que más trabas le pone a jueces y fiscales para que no avancen ciertas investigaciones, puntualmente la del vicepresidente Boudou o la de Lázaro Baez. Tanto Dominguez como Di Tulio estaban cumpliendo órdenes impartidas desde Olivos...
Y la orden de Ella, fue echarle la culpa de todo a Clarín. Dominguez exhibió un ejemplar de ese diario, haciendo referencia a un título. Y, por supuesto, no podía dejar de mencionar a Magnetto como el responsable de ese título que disgusta a Olivos. En síntesis, todos los soldaditos se pusieron en fila para defender lo indefendible.
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