A cualquier persona con un poco de sentido común, se le ponen los pelos de punta al leer en distintos medios de difusión las declaraciones que ha formulado la corrupta Hebe de Bonafini, con respecto a la entrevista que mantuvo con el Papa Francisco.
Las cosas que le ha dicho al Santo Padre no se pueden creer. En realidad, si nos atenemos a las características de su personalidad, cualquier cosa se puede esperar de ella. Lo más absurdo y lo más ridículo, ella lo puede decir.
De manera que es razonable pensar que a nadie le puede sorprender lo que sale de la boca de esta mujer, que logró llenar sus bolsillos durante el corrupto gobierno de los Kirchner.
Le dijo que "no hay que perder todo lo que se construyó maravillosamente bien”. Obviamente se refería al gobierno anterior. Claro, nada dijo de lo que ella construyó maravillosamente mal, en relación con los planes de vivienda que encaró con su ex socio, el parricida Schoklender.
Pero el comentario de fondo no es lo que esta corrupta dijo sobre su reunión con el Sumo Pontífice, sino el hecho de que el Papa Francisco la haya recibido en una audiencia de dos horas, como ella lo asegura.
Hoy habría que preguntarle a Jorge Bergoglio cuál es, en definitiva, su postura con respecto a la corrupción, de la que tanto se ha ocupado. Ha condenado enérgicamente a la corrupción en reiteradas oportunidades. Pero, sin embargo, ha recibido varias veces a la abanderada de la corrupción en la República Argentina, que no es otra que Cristina Fernández viuda de Kirchner.
También recibió a Milagro Sala, otra corrupta que le robó a los pobres que ella decía defender y hoy se encuentra presa.
Y ahora acaba de recibir a la no menos corrupta Hebe de Bonafini, que también le robó a los pobres. Para no entrar en otras consideraciones, solo habría que preguntarle al Papa Francisco: ¿Si el jefe de la mafia y del narcotráfico le pide audiencia, lo recibirá? La deducción es que seguramente lo va a recibir, teniendo en cuenta que no tiene problema en recibir a corruptos.
Estas profundas contradicciones del Papa Francisco son las que han deteriorado su imagen en Argentina.



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