El inefable Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior de la Nación, sigue formulando anuncios acerca de la aparición de la tarjeta Supercard, un engendro que sólo puede tener cabida en su extremadamente diversificada mentalidad. Luego de tantas postergaciones, ahora anuncia para las próximas horas la aparición de ese plástico, sobre el cual todavía no se sabe con exactitud de qué manera se podrá utilizar.
Pero lo que sí se sabe es la cantidad de tarjetas que el gobierno argentino va a emitir. Según lo anticipó el propio Moreno (mostrando el plástico en una foto, como si fuera la salvación del país), se distribuirán 100.000 tarjetas. Para quienes no conocen el mercado de las tarjetas de crédito, esa cantidad puede parecer un número razonable.
Pero la realidad indica que en el mercado de las tarjetas de crédito, están funcionando nada más y nada menos que 17 millones de esos plásticos. Y hay otros 10 millones, que son de débito exclusivamente. Por lo tanto: ¿qué son 100.000 tarjetas frente a 17 millones de ellas? Algo así como un vaso de agua, en el medio del océano.
Lo que llama la atención es que a este parche no lo hayan denominado "Tarjetas para Todos y Todas", tales como el pescado, la carne, la ropa, el pan y todas las cosas que ha lanzado el gobierno, como si fueran la solución de los problemas que afectan a esos productos. En definitiva, se trata de pequeñas muestras cuyo objetivo final es que el kirchnerismo levante las banderas del triunfo, aunque no haya solucionado nada. Ese es el actual estilo del gobierno. Es como decir que con un árbol, se pretende ocultar el bosque...
El invento de la Supercard, seguramente a alguien beneficia. No a los usuarios, por supuesto, porque siempre el hilo se corta por lo más delgado. Pero si, con seguridad, al fabricante de las tarjetas y a quienes realizan las gestiones intermedias... Estos serán, sin duda alguna, los principales beneficiarios de la Supercard.
Pero no se entiende cuál es el sentido de emitir esta tarjeta. Si el gobierno considera que la tasa de interés que cobran las tarjetas es elevada, lo más adecuado sería que envíe un proyecto de ley a la Legislatura para modificar las leyes 25065 y 26010, que son las que determinan las comisiones que cobran las entidades bancarias a los comercios en general. Este gobierno tiene capacidad legislativa para hacer aprobar una ley en este sentido. Pero, sin embargo, no lo hace.
Si el gobierno enviara al Congreso un proyecto de esta naturaleza, no tendría ninguna necesidad de emitir la tarjeta Supercard y montar la estructura necesaria para su funcionamiento. Las tarjetas de todas las marcas pasarían a cobrar el porcentaje de tasa que establezca el gobierno y punto final a la historia.
No hay duda de que si el gobierno no hace lo que debe hacer, por algo debe ser...
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