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martes, 23 de julio de 2013

El rostro y los gestos presidenciales son el fiel reflejo de broncas y odios acumulados

La ciudadanía argentina soporta estoicamente la casi diaria aparición de la imagen presidencial, a través de la irrupción de la cadena nacional. Para inaugurar una chanchería, una fábrica de bicicletas o lo que sea, cualquier motivo sirve para que la jefa de campaña del candidato Martín Insaurralde utilice el sistema de televisión que pagan todos los argentinos para efectuar sus apariciones públicas.

Pero si hay algo que a todos les llama la atención, eso es la imagen que proyecta Cristina Fernández a través de la pantalla. Muchos televidentes, si no optan por cambiar de canal, deciden minimizar el volumen.  Y allí pueden advertir con mayor facilidad que el rostro y los gestos presidenciales, son el fiel reflejo de broncas y odios acumulados.

La imagen muestra un rostro duro, contracturado, que es acompañado con movimientos de manos y brazos, con un índice acusador siempre elevado, con gesticulaciones que traslucen un elevado nerviosismo y hasta cierta agresividad. Evidentemente, la tranquilidad ya no es una virtud de la persona que hoy tiene la responsabilidad de conducir los destinos de una Nación.

Y cuando alguien pierde la tranquilidad, el paso siguiente es el desequilibrio. Y, precisamente, imágenes de desequilibrio es lo que hoy ve la ciudadanía argentina en cada una de las irrupciones de la cadena nacional. Los observadores políticos no se atreven a formular vaticinios acerca de cómo se verá la imagen presidencial, luego de los resultados de las elecciones de agosto y octubre...

Sin lugar a dudas, los últimos traspiés políticos que ha sufrido el gobierno han enrarecido la tranquilidad presidencial. Y, para colmo, ahora se suma lo del general Milani, episodio que se ha constituido en un severo dolor de cabeza para Cristina Fernández.  Para ella, no hay zonas grises en su gestión. Quien hasta hace pocos días era una carta fuerte para llevar a cabo acciones de gobierno, hoy se ha convertido en un demonio incontrolable.

Si algo le quedaba de tranquilidad, ya no le queda absolutamente nada. Las imágenes televisivas lo demuestran todos los días. ¿La eclosión es inminente? Es la pregunta que todos se formulan.

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