Es evidente que la política de Derechos Humanos (en una única dirección) que ha ejercitado el gobierno kirchnerista a partir del año 2003, ha pasado al olvido. Es decir, esa política se ha caído, como lo señalan algunos medios de difusión. Y esta expresión está fundamentada en las notorias contradicciones en que incurre el gobierno que hoy conduce Cristina Fernández.
La tradicional política antimilitarista que siempre ha evidenciado el kirchnerismo, hoy parece haber desaparecido como por arte de magia. La designación del general César Milani en la máxima conducción del Ejército y la defensa acérrima que está efectuando el gobierno en torno de esa figura, prueban que ya poco y nada le interesa a la presidenta el tema de los Derechos Humanos, en función de las denuncias que existen sobre Milani por su desempeño durante la dictadura militar.
Por muchísimo menos de lo que se dice sobre Milani, hay decenas de procesados que aún no tienen sentencia, porque sobre ellos solo sobrevuelan sospechas. Hay acusaciones concretas sobre el nuevo jefe del Ejército, que lo sindican como un represor. Pero la señora presidenta jamás va a dar marcha atrás, ni mucho menos reconocer que se equivocó con esa designación. Evidentemente, no tiene asesores eficientes que le indiquen qué debe hacer y qué no debe hacer.
Y las recientes declaraciones que ha efectuado otro militar que trabaja en cercanías de la presidenta, como lo es Sergio Berni, el virtual ministro de Seguridad de la Nación, confirman que ella ha cambiado el rumbo y ha preferido ahora rodearse de represores. Que ese colaborador presidencial haya expresado que "no conozco manera de desalojar en forma pacífica", evidencia con claridad su actitud de represor. Y es sabido que en este gobierno, nadie abre la boca sin previo consentimiento de la Jefa.
Pero la Jefa no toma consciencia de que la forma de "desalojar en forma pacífica" no es otra que atender los reclamos de la gente. Así de simple. Pero eso de escuchar y dialogar no son palabras que figuran en el vocabulario de Cristina Fernández. Está claro que esas dos palabras suele mencionarlas con cierta frecuencia en sus discursos por la cadena nacional, pero jamás las pone en práctica.
El doble discurso es una faceta presidencial que ya los argentinos reconocen sobradamente y por eso se produce el cambio de canal, cuando aparece la cadena nacional.
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