La presidente Cristina Fernández continúa mostrando, día a día, todos los rasgos de su verdadera personalidad. El autoritarismo y la falta de límites en sus acciones, son los rasgos más auténticos de su estilo personal y, también, de su gestión. El "vamos por todo" inicialmente no hizo imaginar a los argentinos que ese concepto tuviera tanta profundidad. Pero hoy todos están convencidos de que esa decisión está enmarcada en el desconocimiento de límites para llevar a cabo una acción. Para ella, hoy nada es imposible.
Pero esa idea de que nada es imposible, le ha producido choques frontales contra la pared. Sus últimos tropiezos judiciales le han mostrado la realidad y le han señalado el final del camino de sus caprichos. Pero ella no es persona de bajar la guardia muy fácilmente. Insiste en embestir contra las leyes, contra la Constitución Nacional y contra la institucionalidad.
Y en ese contexto de embestir contra la legalidad y de no respetar nada, aparece en toda su magnitud la inescrupulosidad política, que es el defecto más grave que puede ostentar hoy una figura política. Ella no tuvo ningún problema en llevarse a su muñequillo Martín Insaurralde a Rio de Janeiro, para posibilitarle a su candidato la foto con el Santo Padre. Esa es una ventaja con la que no cuenta el resto de los candidatos...
Pero en momentos en que entró en vigencia la ley que determina que 15 días antes de un acto eleccionario el Poder Ejecutivo no puede efectuar presentaciones de sus acciones de gobierno, la presidente de la Nación le pasa por arriba a esa ley y continúa realizando proselitismo político, incluso presentando a su candidato.
No hay dudas de que Cristina no tiene límites y no tiene la menor intención de respetar las normativas electorales, ni de ninguna otra clase. Su inescrupulosidad política se agiganta día a día. Y de aquí a octubre, esta situación habrá de adquirir una magnitud insospechada para los argentinos...
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