Si algo le estaba faltando a la presidente de la Nación en las expresiones de muy bajo nivel intelectual que utiliza frecuentemente en sus alocuciones, ahora ya no le falta nada. ¡¡Cartón lleno!! En su último discurso en la localidad bonaerense de San Fernando, que pronunció esta tarde, dijo, sin inmutarse, "la puta madre". Concretamente, lo dijo cuando un niño -- evidentemente muy bien preparado -- elogió su gestión de gobierno y hasta le cantó algo de La Cámpora.
Cristina Fernández no encontró mejor expresión que decir: "¡Qué futuro tenemos los argentinos, la puta madre!". Sin duda alguna, la primera mandataria ha perdido los límites de la prudencia y de la sobriedad con que deben pronunciarse los discursos presidenciales. Esto ya lo venía mostrando en reiteradas oportunidades, pero incorporar la puteada en sus alocuciones públicas evidencia un desequilibrio sumamente preocupante.
Y en honor a la verdad, un gran número de argentinos están utilizando exactamente la misma expresión que Cristina, cuando se refieren al futuro de la República Argentina, cuando preocupadamente comprueban cómo está retrocediendo el país en el contexto internacional y advierten el aislamiento en que ha caído la Nación, sin mencionar la problemática interna de inseguridad, inflación, narcotráfico y corrupción que afectan el normal desenvolvimiento del país.
Y la presidente de la Nación vuelve a demostrar su falta total de límites con su actitud de llevar de acompañante a Rio de Janeiro al muñequillo Martin Insaurralde, con el evidente propósito de presentarlo ante el Papa Francisco, en una clara actitud proselitista. Cristina Fernández parece no haber advertido el hecho de que Jorge Bergoglio decidió no venir a la Argentina por ser este un año electoral. El Santo Padre no quiere verse involucrado en el terreno político argentino.
Pero ella va a Rio de Janeiro a trasladar allí la campaña electoral. Esto va a generar, sin ninguna duda, una ola de protestas por parte de los políticos de la oposición, porque Cristina Fernández está demostrando una falta de códigos políticos total. Es muy probable que después del 11 de agosto y mucho más con posterioridad al 27 de octubre, tome consciencia de que el 54 por ciento ya no existe y que la realidad no es la misma que en 2011.
Tal vez después de ello comience a pensar que el pueblo argentino le está poniendo los límites que ella insiste en desconocer. Y si se baja de la soberbia, tal vez vuelva a pensar en la posibilidad de irse, una vez finalizado su mandato, con índices de popularidad más o menos razonables...
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