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miércoles, 10 de julio de 2013

Para Cristina Fernández, ahora la justicia tiene la máxima responsabilidad por la creciente inseguridad...

La presidente de la Nación sigue mostrando su falta de límites para mostrar una realidad que no existe. Además de convertir las fechas patrias en acontecimientos políticos partidarios -- lo hizo nuevamente el 9 de julio, en Tucumán --, en su último discurso decidió transferir a la justicia el peso de la carga de la creciente inseguridad que existe en la Argentina.  Es decir, ahora la inseguridad no es un problema del gobierno que ella conduce.

"Que no me vengan a hablar de seguridad, si antes no me hablan de reforma judicial", fueron sus asombrosos conceptos en el Jardín de la República. Con ello, no hizo otra cosa que transferir la responsabilidad de la inseguridad a la justicia. Para la presidente de la Nación, la inseguridad tiene ahora un responsable y ese no es el gobierno nacional.

Cristina Fernández, en cada uno de sus discursos, a través de una exagerada utilización de la cadena nacional, pone los pelos de punta a muchísimos argentinos -- cada día más -- con sus desubicadas expresiones y con la utilización de un lenguaje que está muy lejos de ser el que utiliza un mandatario normal, de cualquier país del mundo, por más pobre que sea.

Y ni hablar de su utilización de Twitter, donde  recurre a un lenguaje de una vulgaridad extrema, totalmente alejado de las expresiones que debe utilizar un presidente de la Nación.  La "abogada exitosa" parece no haber transitado los claustros universitarios y, además,  ha decidido transferir al olvido la imagen que tuvo alguna vez de legisladora prestigiosa, con sus discursos de elevada intelectualidad.

Nada de eso se hace presente hoy en el lenguaje presidencial, visiblemente recargado de bronca, odio y rencor, donde muestra en cada una de sus apariciones una imagen desencajada, que produce escalofríos en la gran mayoría de los argentinos.

Cada vez es mayor el número de personas que se pregunta si Cristina Fernández está en sus cabales o si pierde el sentido común en cada una de sus apariciones por la cadena nacional.  Pero lo que es un hecho concreto y visible, es que la presidente de la Nación cada día está más aislada y más alejada de la realidad.

Y gobernar un país en esas condiciones, hace prever que nada bueno le deparará el futuro a la República Argentina.

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