Lo que acaba de anunciar el Jefe de Gabinete de Ministros de Argentina, Jorge Capitanich, en el sentido de que con el impuestazo que el gobierno nacional ha establecido para la venta de automóviles de alta gama se van a acrecentar las reservas del Banco Central, aparece ante los ojos de todo el mundo como un infantilismo total.
En momentos en que las reservas del Banco Central vienen cayendo en forma permanente y están a punto de perforar los 30.000 millones de dólares, que se esgrima ese argumento como el motivo que permitirá acrecentar el nivel de las reservas, resulta increíble. Más que eso, da la sensación de que se está burlando de la gente al lanzar cualquier descabellada declaración, sin siquiera ponerse colorado. No hay ninguna duda de que Capitanich ha asumido el rol de la cara más visible del gobierno de la mentira.
Lo mandan a mentir y él miente, como un soldadito obediente. Cumple inexorablemente con el rol que le ha asignado su jefa, sin medir las consecuencias políticas que ello pueda tener en el futuro para sus aspiraciones electorales.
Capitanich no debe haber pensado que lo que se recaude en concepto de impuestazo a los automóviles de alta gama, no habrá de mover el amperímetro en lo que se refiere a su incidencia en las reservas del Banco Central. Tendrían que vender millones de vehículos de esa categoría para que ese dinero llegue incidir en las reservas del BCRA.
Es evidente que la mentira ya está incorporada definitivamente en el discurso de los funcionarios oficialistas y ahora la utilizan como un todo terreno, es decir, para cualquier situación. En esto habrá que aplicar aquello de que el pez muere por la boca. Indudablemente, ese será su final.
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