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domingo, 22 de junio de 2014

Para la señora Cristina Fernández, los fondos buitres y los extorsionadores ya no existen más

El discurso del 20 de junio de la presidente de la Nación registró un giro que no debe sorprender a nadie. Ya no es novedad que Cristina Fernández un día exprese una cosa y a los pocos días, diga todo lo contrario.  En esa oportunidad, rodeada de militantes que portaban carteles con la leyenda "fondos buitres o patria" y "fuera los extorsionadores", pronunció un discurso donde no mencionó a los fondos buitres y tampoco reiteró su calificación de "extorsionadores", indirectamente dirigida al juez norteamericano Griessa.

El único detalle de este nuevo giro de enfoque presidencial fue que se olvidó de avisarle a sus militantes, quienes se encontraron descolocados frente a un discurso que no tenía nada que ver con las pancartas que ellos portaban. Lo cierto es que ahora a los fondos buitres, la señora los denomina "pequeños grupos", con los cuales está dispuesta a negociar. Es decir, más que negociar, acordar la forma de pago de una sentencia definitiva.

El choque contra la realidad ha hecho que la mandataria argentina tenga que modificar actitudes y corregir expresiones. Y esto se viene repitiendo sin solución de continuidad. Ella no toma nota de los papelones en que incurre y no se ha concientizado acerca de que del ridículo no se vuelve. Y nada indica que esté dispuesta a modificar el rumbo. Está decidida a mantener su "verdad", hasta el final de su mandato, en una actitud muy similar al suicidio político.

Tantos anuncios de un ministro, que a las pocas horas es desmentido por otro ministro, no han hecho otra cosa que mostrar a la sociedad argentina la incapacidad de un equipo económico para resolver un problema de deuda externa de semejante magnitud. El rostro de espanto de Alex Kicillof en su último discurso, produjo una situación de incertidumbre tremenda a la población.

Cristina Fernández tuvo que modificar sus expresiones, al ser informada que sus palabras producían cada vez más irritación en el juez norteamericano. Y la última reacción del magistrado -- muy molesto, porque se encontraba en uso de licencia y tuvo que concurrir al juzgado para tratar un tema, nada más y nada menos que de Argentina... -- fue decidir que prohíbe terminantemente el cambio de jurisdicción para concretar el pago que Argentina tiene que efectuar el 30 de junio.

Consecuencia: tuvo que bajar un cambio y tratar de llevar las cosas por un carril de normalidad, por el cual siempre tendría que haber transitado. Pero, claro, el doble discurso tarde o temprano siempre trae consecuencias. Y estas consecuencias, no solo las paga la señora presidente, sino todo el pueblo argentino...

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