Cristina Fernández no asistió ayer, lunes, a la Casa Rosada y tampoco lo hizo hoy. Lo mismo sucederá mañana, miércoles. El resultado electoral del domingo le ha producido un muy fuerte impacto emocional. La imagen que brindó el domingo a la noche, no era la habitual. Seguramente, algún Valium produjo su efecto para que ella pudiera mostrarse de esa manera. No era la desaforada y desequilibrada que se acostumbra a ver en la imagen televisiva, cuando utiliza la cadena nacional. Pero la procesión iba por dentro...
Y esa procesión, produjo su catarsis a partir del lunes. La insólita "celebración" que se armó en el Hotel Intercontinental hizo que todo el mundo coincidiera en una pregunta: ¿qué están celebrando? Una vez más, se intentó tergiversar la realidad, una herramienta utilizada con exagerada frecuencia por la presidente de la Nación. Pero su discurso puso en evidencia su propósito de continuar con el mismo esquema que viene utilizando en su gestión de gobierno.
Todos los argentinos que escucharon sus palabras el domingo último, irrumpieron en todo tipo de comentarios cuando la señora presidente dijo: "nunca le he mentido a nadie...". Lo único que se animó a admitir es que su gobierno pudo tener equivocaciones. Pero es evidente que va a continuar la tergiversación de los hechos. Es decir, va a continuar la mentira.
Le resulta sumamente difícil a la primera mandataria asimilar semejante fracaso electoral, el mayor de la década kirchnerista. ¿El pueblo argentino habrá querido expresar en las urnas que esta no es la década ganada, sino todo lo contrario? Lo cierto, lo concreto, es que el gobierno cristinista se ha quedado con la mitad del 54 por ciento. Y esta realidad, ella no la podrá tergiversar. Por eso, su ausencia de la Casa Rosada es producto del impacto anímico que le ha producido la derrota electoral.
Habrá que esperar ahora su reacción, con vistas al 27 de octubre. Quienes siguen la política de cerca, apuestan a que va a redoblar todo lo que ha hecho hasta el presente. Ella ya ha dicho algo en ese sentido, en su discurso del domingo a la noche. Y a nadie le queda ninguna duda de que la señora no va a cambiar de rumbo. Ella seguirá aferrada a su esquema de que corregir algo, es una derrota. Concretamente, va a seguir en la suya...
Pero lo más grave va a venir después de octubre, cuando las urnas le vuelvan a pegar un cachetazo más fuerte. A partir del 27 de octubre, cualquier desenlace será posible y los argentinos deben estar preparados para soportar sorpresas en el marco de lo institucional. Todos conocen el paño y, en consecuencia, es fácil advertir lo que se puede venir... El tiempo irá mostrando esa cruda realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario