En un artículo anterior, se hizo referencia a la inescrupulosidad política de la que hace gala la presidente de la Nación, no solo en lo que se refiere a llevarse todo por delante, sino puntualmente en lo que tiene que ver con acciones personales que evidencian una total y absoluta falta de ética, impropia para quien ejerce hoy la máxima investidura del país.
La primera referencia que se efectuó desde esta columna, tuvo relación con su último viaje al Vaticano, llevando de la mano a su candidato Martín Insaurralde, para robar una foto con el Santo Padre. Con esa fotografía posteriormente empapeló la ciudad de Buenos Aires. Sin duda, es el peor ejemplo que pudo haber dado a quienes se están iniciando en la acción política.
Esa inescrupulosidad política reapareció esta semana, cuando regresó de Estados Unidos y viajó inmediatamente a Rosario, para hacer campaña política con la tremenda tragedia que originó una explosión de gas. Allí anunció el otorgamiento de créditos hipotecarios para los damnificados. Pero ese anuncio quedó totalmente en el olvido, al anunciar el gobernador Bonfatti que el estado provincial se hará cargo de la reparación de los edificios y comenzó de inmediato el otorgamiento de subsidios para que, quienes se quedaron sin vivienda, puedan de inmediato solucionar su problema, además de otros beneficios.
La incursión por Rosario le salió mal a Cristina Fernández. Si pensó que iba a obtener algún rédito político, se equivocó. Todo lo contrario. Lo que obtuvo fueron muchos insultos por parte de la gente que se concentró en las inmediaciones de la zona de la tragedia. También obtuvo elogios por parte de un grupo de La Cámpora, que tuvo a su cargo el operativo de apoyo presidencial.
Estas actitudes de la primera mandataria no hacen más que revelar situaciones de desesperación, y de desequilibrio, frente al inminente resultado adverso que se avecina en las urnas para el domingo 11 de agosto.
Lo que se vislumbra como una realidad concreta, es que a partir del lunes 12 de agosto, ya todo el mundo sabrá que Cristina Fernández no podrá volver a utilizar su caballito de batalla del 54 por ciento, que lo utilizó para desarrollar toda clase de tropelías contra la calidad institucional del país, a través del "vamos por todo". Después de que la ciudadanía exprese su voluntad a través del voto, aparecerá el certificado de defunción para ese ajetreado caballito de batalla...
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