Algún día, el gobierno argentino -- no el actual, por supuesto -- tendrá que pedir perdón oficialmente a Sudáfrica, por la decisión de enviar al vicepresidente Amado Boudou a las exequias del líder Nelson Mandela en representación del pueblo argentino. Esta será una asignatura pendiente para el próximo presidente de Argentina.
La decisión de la señora Cristina Fernández es incomprensible y revela una falta de sentido común elevada a su máxima expresión. Pero, en honor a la verdad, esta decisión no es una falta de sentido común, sino una falta de respeto total y absoluta hacia un país digno como Sudáfrica.
Esto también deja al descubierto lo que ya es una actitud constante en la presidente de la Nación, en el sentido que poco y nada le importan las repercusiones y las consecuencias de sus decisiones. Su ya reconocida soberbia no le permite tomar una decisión con sentido común, a efectos de evitar que alguien vaya a pensar que está marchando en contra de sus convicciones y eso sea interpretado como una derrota personal.
Mandar a Boudou a Sudáfrica es más que inoportuno, cuando este personaje está siendo investigado por la justicia federal por enriquecimiento ilícito y poco menos que acusado por un empresario de haberlo “apretado”, con éxito, para que vendiera su empresa en beneficio de allegados al vicepresidente.
Lo que hoy todo el mundo se pregunta es por qué tenía que ser Boudou el personaje que nos representara en el último adiós a una figura como Nelson Mandela. Se podrá argumentar que existieron razones protocolares para que así sucediera. Pero nadie podrá negar que cuando el gobierno quiso mantener a Boudou fuera de la vista de todo el mundo, así lo hizo, especialmente durante los últimos 30 días de la campaña electoral.
¿El país no tenía a nadie mejor para que nos representara en Sudáfrica? Quien sigue a Boudou en la línea de mando presidencial, es otra figura también impresentable, como lo es la señora Beatriz Rojkés de Alperovich, quien ejerce la presidencia provisional del Senado de la Nación. ¡¡Toda la basura política está enquistada debajo de la línea presidencial!!
La personalidad de Boudou no encaja de ninguna manera en el ámbito al cual fue enviado. Las chapucerías que este personaje muestra cuando aparece con su guitarra eléctrica están muy lejos de la figura del extinto Mandela y mucho más aún de los jefes de estado que estarán presentes en el funeral del líder sudafricano. Es un sapo de otro pozo, como lo dice el dicho popular.
Pero se trata de un sapo que hace quedar muy mal al país, vaya donde fuere. Pero si la señora Cristina Fernández lo quiere seguir mostrando al mundo, esto corrobora lo expresado más arriba en el sentido de que poco y nada le importan las repercusiones y consecuencias de sus decisiones. Concretamente, poco y nada le interesa que Argentina muestre lo peor que tiene en materia de funcionarios públicos.
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