Parece un clásico: cuando los graves conflictos que afectan a la República Argentina eclosionan, extraña o casualmente los gobernantes se encuentran fuera del país. Esto ya ha sucedido, como si fuera una película repetida. La señora Cristina Fernández ha tenido que retornar al país imprevistamente, en más de una oportunidad, porque un serio conflicto reclamaba su presencia, mientras efectuaba visitas a otras naciones.
Pero los hechos más recientes parecen señalar que se trata de una actitud sistemática. El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, no dudó en viajar a Paraguay -- para tratar un tema de importancia secundaria -- en el mismo momento en que estalló el problema en la provincia de Córdoba.
El gobernador Manuel de la Sota, por su parte, se encontraba viajando por Colombia y Panamá cuando se produjeron los serios disturbios en su propia provincia, por el acuartelamiento policial. Y el gobernador Daniel Scioli se encuentra en Brasil, para entrevistarse con el ex presidente norteamericano Bill Clinton, cuando se produce el mismo problema policial en el territorio de la provincia de Buenos Aires.
¿Qué les pasa a los responsables de tomar decisiones? ¿No tienen la suficiente capacidad para prever el advenimiento de los conflictos graves que se producen en sus respectivas jurisdicciones? ¿O no están capacitados para preverlos? Este es el razonamiento del hombre de la calle, del ciudadano común, que llega a la conclusión de que está gobernado por gente irresponsable, a la que no le importa demasiado la consecuencia de su ausencia.
Por otra parte, con el caso de Córdoba, concretamente, ¿por qué no se otorgó el aumento a la policía un día antes y se optó por hacerlo un día después del desastre? ¿De esa tremenda irresponsabilidad nadie se va a hacer cargo? En la provincia de Buenos Aires está sucediendo exactamente lo mismo y, seguramente, se le va a otorgar el incremento salarial a los policías, después de que se produzcan innumerables destrozos vandálicos, que se podrían haber evitado.
Sin dudas, todo esto forma parte de una tradición argentina: primero se tiene que derramar la sangre, para que luego se tomen las medidas que correspondan. La prevención y la mirada atenta para anticipar situaciones de riesgo, no existen en Argentina. Esto explica todo lo que se está viviendo en este convulsionado diciembre.
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